Una vez en su coche, condujo sin prisas y la llevó de vuelta a su apartamento, y aunque ella no hizo gesto evidente, pareció sorprenderse de que él no hiciera el intento de ir a su sitio. Una vez arribado, dio la vuelta y abrió su puerta y posando la mano en su espalda, la condujo adentro, acariciando su cintura.
Percibió su estremecimiento y la apretó contra sí al ingresar en el ascensor, su espalda contra su pecho. Hundió su boca en el suave hueco entre sus hombros y su cuello, aspirando su a