Casie elevó su mirada por centésima o milésima vez. No lo tenía claro, pero sabía que eran demasiadas. Kaleb Monahan se paseaba por su local, observando cada detalle con atención, a la vez que se acercaba a sus clientes a conversar y escuchar sus opiniones sobre sus productos, servicio y atención.
Se sentía evaluada y sopesada y eso la ponía de los nervios, como si estuviera bajo una lupa o por rendir algún examen. Absurdo, pero así era. De más estaba decir que todas y cada una de las mujeres