Sin defenderse

La habitación parecía vacía sin ella ahí. En la mente de Saira seguían resonando sus gritos y acusaciones. Había algo en Emma que no estaba bien y no se refería a las alucinaciones… sus celos; los estaba llevando a otro nivel.

Reacomodó la silla y se sentó en ella, exactamente como Ortega había estado antes y contempló a su novio. Dormía profundamente, al parecer. Se le estremeci&oa

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