Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 4: Sorpresas que rompen el control
Artemis Stavros no estaba esa mañana en el aeropuerto por casualidad. Tenía un vuelo programado hacia Londres, un viaje de negocios importante que compartiría con una de sus socias más cercanas. Su agenda estaba cuidadosamente calculada, cada minuto asignado a compromisos que siempre parecían exigir más de lo que podía dar. Sin embargo, la vida tenía una forma peculiar de intervenir en los planes más meticulosos, y esa mañana no sería la excepción.
Mientras caminaba hacia la sala de abordaje, su mirada se posó al fondo del aeropuerto y algo lo dejó completamente petrificado. Allí estaba ella: Nerina Vassiliou. La mujer que alguna vez había sido su esposa, la que había ocupado su corazón y luego lo había destrozado. Ella caminaba frente a él sin siquiera notar su presencia, peor no estaba sola: la seguían tres niños que jamás en la vida había visto, pero que, de alguna manera, despertaron una confusión inmediata en su interior.
Nerina estaba radiante, más hermosa que nunca. Su sonrisa iluminaba todo a su alrededor, y esos niños junto a ella la miraban con la inocencia propia de alguien de su edad. Además, ellos conversaban entre sí y se reían, provocando en él un sentimiento que no podía describir. Ellos eran alegría pura, genuina, que nunca antes había asociado con ella. Los pequeños a los que ni siquiera conocía sacaban de su corazón una felicidad que, por años, él había olvidado que existía.
Fue entonces que ocurrió lo inevitable cuando él decidió acercarse: una de las niñas, con voz clara y dulce, la llamó “mamá”. Esa palabra, pronunciada con tanta naturalidad, lo dejó totalmente congelado. Su mente comenzó a dar vueltas sin control y si en alguna explicación ¿Cómo era posible que ella fuera madre? ¿Acaso esos niños eran hijos de su primo? ¿Acaso podrían ser suyos? El recuerdo de la separación, de la traición que él creía haber sufrido cinco años atrás vino a su mente con una fuerza brutal que no lo dejó respirar. No podía creer lo que veía, y una mezcla de incredulidad y ansiedad lo impulsó a acercarse más a ella.
Sin embargo, algo más capturó su atención y era que esta Nerina no se parecía en nada a la mujer que él recordaba. No había en sus ojos la ternura ni la sumisión que alguna vez habían compartido; ya que su mirada era fría, calculadora, llena de carácter y temple. Cada gesto que hacía irradiaba seguridad. Esta no era la Nerina que había amado, la mujer vulnerable que él había conocido; esta era alguien que había sobrevivido, que había crecido y que claramente no iba a dejarse intimidar por él.
Artemis estaba a punto de acercarse aún más cuando ella estaba a punto de marcharse en el auto de Kiara, pero fue interrumpido por la voz de su socia. La misma que se posicionó a su lado y le recordó que era hora de abordar el vuelo.
— Artemis, debemos irnos. El vuelo a Londres ya espera por nosotros —dijo, con un tono firme, pero cauteloso, notando la expresión atónita del hombre que se quería llevar a la cama.
— Lo siento, pero tendrás que ir tú sola — respondió él, sin apartar la mirada de Nerina— Yo no iré a ninguna parte porque ahora tengo cosas de las que ocuparme aquí.
Su socia lo miró con incredulidad y molestia, pero decidió obedecer, dejando que Artemis se quedara solo, observando cómo aquella mujer y los niños se alejaban hacia la salida del aeropuerto. Por un instante, él permaneció inmóvil, procesando todo lo que acababa de ver. Su mente giraba a mil por hora: ¿Dónde había estado ella todos esos años? ¿Con quién? ¿Y esos niños… realmente eran suyos?
Sin dudar, sacó su móvil del bolsillo y marcó inmediatamente a la única persona que podía proporcionarle respuestas: su mano derecha, alguien de absoluta confianza y con recursos infinitos.
— ¿Señor, Stavros? — preguntó la otra voz en la línea de manera sorprendida.
— Quiero saber todo sobre Nerina Vassiliou — dijo con la voz cargada de urgencia y determinación — Quiero saber en qué vuelo llegó a la ciudad ¿Dónde ha estado todos estos años? ¿Con quién ha estado y de quién son los hijos que tuvo? Necesito todo lo que puedas encontrar y lo necesito ya.
Al otro lado de la línea, su mano derecha se quedó en silencio por un instante, claramente sorprendido de escuchar nuevamente el nombre de la que alguna vez había sido la esposa de su jefe. Cuando la señora Nerina desapareció él no hizo nada para encontrarla y ahora de la nada quería saber todo de ella.
— Está bien, haré todo lo posible por conseguir la información — respondió finalmente, intentando mantener la calma — Le informaré lo antes posible de todo lo que pueda averiguar, señor.
Artemis colgó el teléfono Luego de eso, pero su mente no dejaba de trabajar. Aquella información preliminar que había recibido de la propia boca de Nerina era suficiente para encender la llama de la obsesión que siempre había sentido por controlar los aspectos de su vida que se le escapaban de las manos. Sin embargo, esta vez, la situación era diferente: Nerina no era la misma mujer que él había conocido. Había cambiado, y eso lo desconcertaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
El viaje a Londres había dejado de ser una prioridad para él en este momento. No podía pensar en compromisos, reuniones ni contratos millonarios. Todo su mundo, en ese instante, se reducía a Nerina y sus hijos. Esa visión inesperada lo había atrapado con fuerza, y cada detalle —su sonrisa, la manera en que los niños se apoyaban en ella y la seguridad en su andar— lo mantenía fijo en el lugar.
Luego de unos minutos decidió regresar a su mansión, replantear sus planes y pensar cuidadosamente en cada movimiento. Si Nerina había regresado al país con sus hijos eso significaba que había tomado decisiones, que había reconstruido su vida y él no podía permitirse ser solo un espectador.
Mientras tomaba su auto rumbo a su residencia, Artemis repasaba mentalmente cada detalle que había observado. Cada gesto, cada mirada, cada palabra que había escuchado era una pieza de un rompecabezas que estaba decidido a resolver. No le importaba cuánto tiempo llevará ni qué obstáculos surgirían; necesitaba saber todo sobre Nerina, sobre los niños, sobre su vida actual. La mujer que una vez había sido su esposa había reaparecido en su mundo, y él no permitiría que nada se interpusiera en su búsqueda de respuestas.
El silencio en el auto solo era interrumpido por el rugido del motor y sus pensamientos, que giraban en torno a un solo objetivo: recuperar el control y descubrir la verdad sobre esos niños. Cada decisión que había tomado en los últimos años, cada movimiento en su imperio, parecía ahora secundario frente a esta urgencia. Nerina Vassiliou había regresado, y con ella, todo lo que había creído enterrado volvía a la superficie.
Al llegar a su mansión, Artemis entró con paso firme, decidido a poner en marcha todos los recursos a su disposición. Su mano derecha estaba ya trabajando en la información que él le había pedido, rastreando vuelos, contactos y cualquier indicio que pudiera revelarle dónde había estado Nerina y con quién había pasado los últimos cinco años. Todo indicaba que esta mujer, que él había creído derrotada y vulnerable, se había fortalecido y eso solo aumentaba su determinación de conocer cada detalle, de no dejar cabos sueltos, de controlar aquello que sentía que le pertenecía por derecho: la verdad sobre Nerina y sus hijos.
Mientras la ciudad quedaba atrás y la mansión se alzaba imponente frente a él, Artemis sabía que nada sería igual. Su mundo, cuidadosamente calculado había sido sacudido por la aparición inesperada de la mujer que lo había marcado más que nadie y aunque Nerina parecía inalcanzable, él estaba decidido a recuperar cada fragmento de lo que creía que era suyo.
Ese día, Artemis Stavros comprendió que la casualidad había dejado de existir en su vida. Todo lo que sucediera a partir de ahora dependería de su ingenio, su determinación y su capacidad para anticipar los pasos de Nerina.







