Capítulo 9: La sangre no siempre significa lealtad
El silencio dentro de la oficina se volvió espeso, casi irrespirable. Nerina Vassiliou permanecía de pie frente al escritorio de su padre, como si aquel lugar ya no le perteneciera a él, sino a ella. Alexandros Athanasios se mantenía a su lado, observando cada gesto, cada reacción, preparado para intervenir si era necesario, aunque intuía que aquella batalla Nerina la quería librar sola.
El hombre frente a ella respiró hondo como si intentara recomponerse de un gran golpe. Nikolaos Drakos, ese era su nombre ahora. Ya no era “papá”, ya no “padre”. Él solamente era el hombre que eligió no creerle.
— No puedes hacer esto, Nerina — dijo finalmente, con voz firme, autoritaria, esa misma voz que durante años había dirigido juntas, despidos y destinos — No puedes venir aquí después de cinco años y amenazar con destruirlo todo a tu paso.
Ella ladeó la cabeza al escucharlo, divertida y peligrosamente tranquila.
— No te estoy amenazando, Nikola