Capítulo 10: El pasado no pide permiso
El despacho de Artemis Stavros estaba sumido en una penumbra elegante, apenas rota por la luz azulada de la pantalla de su ordenador. Afuera, Atenas seguía su curso normal: tráfico, reuniones, decisiones, poder, pero dentro de esa oficina, el tiempo parecía haberse detenido en un solo nombre. Nerina Vassiliou.
Artemis llevaba más de una hora revisando todo lo que internet tenía para ofrecer sobre ella. Artículos, entrevistas, fotografías, premios, proyecto