Capítulo 8: La hija que volvió a reclamar su trono
Nerina Vassiliou bajó de su auto como lo que ahora era: una reina consciente de su poder, de su historia y de su dolor convertido en acero. La mañana estaba clara, el sol golpeaba con fuerza, pero ninguna luz podía competir con la presencia de aquella mujer que avanzaba con paso firme, tacones altos y un porte imposible de ignorar. Su largo cabello se movía con elegancia mientras el viento jugueteaba con él, y su cuerpo tonificado ni siquiera mataban los cinco años de maternidad que tenía. Al contrario, aquello la volvía más imponente, más mujer y más invencible.
A su lado caminaba Alexandros Athanasios, su abogado. Alto, atractivo, de ojos profundos y expresión calculadora. La elegancia masculina hecha carne. Ambos, juntos, eran una visión imposible de pasar desapercibida. Las miradas del personal, de clientes y de empleados se clavaban sobre ellos, haciendo que un murmullo se levantara en recepción. Nadie la esperaba, nadie la había