La luz tenue del atardecer se filtraba a través de las grietas del viejo establo, tiñendo de naranja las sombras que se alargaban en el suelo polvoriento. La quietud del lugar era perturbadora. Todo estaba demasiado callado, demasiado vacío… demasiado tenso… como si el mismo aire tuviera miedo de moverse. Sobre todo después de lo que sucedió la noche anterior. Me encontré caminando entre las maderas carcomidas, mientras mi respiración estaba contenida, intentando no dejarme arrastrar por el sen