El calor del fuego en la cabaña de vigilancia no consiguió borrar la profunda huella de la noche anterior. Cuando amaneció, regresé a la casa principal antes de que el rancho entero despertara, decidida a no permitir que Alec o los peones leyeran en mi rostro la debilidad de haberme refugiado en los brazos de Killian. Sin embargo, la agitación emocional no me abandonaba; la sensación de sus manos envolviendo mis muñecas seguía quemándome la piel, persiguiéndome mientras me cambiaba de ropa en l