La ciudad estaba a una corta distancia, y mientras avanzaba por el camino polvoriento, mi mente no dejaba de dar vueltas a lo que acababa de suceder. No podía dejarla ir sola. No podía dejar que se expusiera por estos caminos, pero en el fondo sabía que había añgo más, no podía soportar verla lejos de mí. Ella había ganado la apuesta, pero había algo más, algo mucho más profundo en su mirada que me decía que lo que había comenzado entre nosotros no iba a terminar ahí.
La vi llegar al pueblo, y