Sienna
Tener a Killian tan cerca, sintiendo el calor de su torso desnudo cubierto por la sangre que yo misma le había sacado a golpes, me revolvió la cabeza. Quería destruirlo, agarrar una navaja y cobrarme el engaño con el que me trajo a este rancho maldito. Pero al mismo tiempo, el olor a sudor, a pólvora y a sexo que salía de su piel me encendía un deseo sucio que me daba vergüenza sentir.
—Eres un miserable —murmuré contra su boca, tratando de no ceder a la tentación de morderle los labios.