Sienna
El ruido de pisadas en la parte alta de la casa nos congeló a los dos en medio del salón. El calor del abrazo de Killian y la ternura de su arrepentimiento se transformaron en un terror helado que me oprimió el pecho. Sostuve su brazo con fuerza, sintiendo cómo sus músculos se tensaban bajo mi mano. Levanté la vista hacia las escaleras oscuras, donde la penumbra apenas dejaba ver el primer descanso de madera.
Una figura tambaleante salió de las sombras. Era Alec. Llevaba la camisa de fra