Mundo ficciónIniciar sesiónPreparando La Declaración
Los platos estaban apilados en la cocina, las copas medio vacías y la noche caía sobre Nueva York como un telón pesado. Pero nadie se había marchado. Ni Callum. Ni Eliot. Ni siquiera Harper, quien normalmente habría desalojado cualquier invasión de ese tipo con amenazas o sarcasmos.
Aurora se sentó en el sofá con una manta sobre las piernas, el cabello recogido en un mo&ntil







