Alexis:
Conduce como toda una demente por las calles de Moscú hasta que nos alejamos de la ciudad, en dirección al helipuerto.
Al llegar, ya nuestra gente está aquí.
Se detiene. Respira profundo, y abre la puerta del coche saliendo.
La veo sacudirse el polvo y soltarse el cabello para volver a recogérselo en una coleta, ya no es esa mota horrorosa y rubia que tanto detesté, ya tiene el cabello más largo y castaño, casi tan perfecto como me gusta.
Contonea el culo en sus jeans, y mis manos pican