Lucien
Corrí hacia ella y clave mis colmillos en su cuello, el sabor dulce y embriagador de la sangre de Octavia fluía a través de mí, avivando cada célula de mi ser. La esencia de su vida, su vitalidad, me llenaba de una euforia oscura y poderosa. Mi humanidad, sin embargo, se retorcía en agonía bajo el peso de la culpa y el horror por lo que estaba haciendo.
El gruñido que emanó de lo más profundo de mí al sentir a la Diosa Luna acariciando a Octavia era un reflejo de la posesividad salvaje