Orión
El aire a nuestro alrededor se cargó de electricidad, una sensación desconcertante que erizaba cada vello en mi cuerpo. Sentí cómo una oleada de energía invisible nos envolvía, una fuerza tan potente que parecía emanar del mismo corazón de la tierra.
—¿Qué demonios fue eso? —exclamó Alfa Zane, su voz teñida de sorpresa y cautela.
Los autos se detuvieron bruscamente, como si una mano invisible los hubiera agarrado y los hubiera frenado en seco. Intenté arrancar el motor nuevamente, pero