Lucien
El bosque parecía extenderse infinitamente frente a nosotros, con sus árboles altos y majestuosos que oscurecían el camino con sus densas copas. Cada paso que dábamos era pesado, un recordatorio del cansancio acumulado en nuestros cuerpos y mentes. Miré a Octavia, que caminaba a mi lado, su rostro mostraba signos de agotamiento, pero su determinación era inquebrantable.
—¿Cómo te sientes? —pregunté, rompiendo el silencio que nos había envuelto durante horas.
—Exhausta, pero no podemos