Samuel
La noche era una oscura manta sobre nosotros mientras regresábamos a nuestro punto de encuentro, los pocos lobos que quedaban de mi escuadrón estaban heridos y exhaustos. La frustración hervía en mi sangre, una mezcla de ira y desilusión. El ataque había sido un fracaso; Orión aún vivía.
Cada paso que dábamos resonaba con el sonido de nuestras propias derrotas. El viento soplaba con un frío cortante, cada ráfaga como un recordatorio afilado del amargo sabor del fracaso que impregnaba l