Orión
Corríamos por el último tramo del pasaje de la montaña, sintiendo cada vez más cerca la libertad del aire abierto. La luz del exterior se filtraba a través de la apertura, prometiendo el fin de nuestra ardua travesía por la oscuridad de la caverna.
Mis patas, en mi forma de lobo, golpeaban el suelo con una fuerza renovada. A mi lado, Robert y Jake, también transformados, mantenían el ritmo, mientras Heider cabalgaba a mi espalda, aferrándose firmemente a mi pelaje. La proximidad de la sal