Aurora Vale era un fantasma. Ariane Rousseau era un mito.
La mujer que permanecía de pie en el centro del vasto y soleado hôtel particulier que ahora servía como sede principal de Maison AVA era, para el mundo, simplemente "Madame".
Cinco años.
Cinco años habían pasado desde que cerró el trato con los inversores de Nueva York. Cinco años desde que, con Elias como su escudo, comenzó a construir su fortaleza. El ático de Le Marais era ahora un recuerdo febril y lejano. La mujer "enferma" de cabel