El clic del cerrojo fue el sonido más ensordecedor del mundo.
Henry Vale cerró la puerta de la oficina de un portazo, con una fuerza que hizo temblar los bocetos enmarcados en la pared. La pequeña habitación sin ventanas se sumió instantáneamente en una penumbra asfixiante e íntima, iluminada solo por el frío resplandor verde del panel de seguridad junto a la puerta.
Respiraba con dificultad. No era la respiración pausada y controlada de un CEO en una sala de juntas, sino un jadeo irregular y s