El descenso fue una marcha hacia el patíbulo.
Aurora bajó por la escalera flotante de concreto, rozando ligeramente la fría barandilla de acero con la mano. Contaba cada escalón. Un. Deux. Trois. Era un ritmo para acompasar los latidos de su corazón, una forma de obligar al oxígeno a entrar en sus pulmones.
Debajo de ella, Liam Cross estaba de pie en el centro de su catedral.
Estaba examinando el abrigo de la "Enferma". Estaba de espaldas a ella, pero la postura de sus hombros —anchos, tensos,