La suite a oscuras era una tumba, pero Aurora no tenía tiempo para llorar.La sonrisa burlona de Vanessa en la fiesta había sido el detonante. Ya no había espacio para la duda, solo para la acción. Aurora tomó su teléfono y marcó el número privado de Liam.Sonó una, dos, tres veces.—¿Qué quieres, Aurora? —respondió Liam. Su voz no era la de un novio enamorado, sino la de un CEO interrumpido en medio de una junta.—¿Interrumpo algo, Liam? —preguntó ella, con la voz temblando por la adrenalina, no por miedo.—Es la una y media de la mañana. Intento dormir. Mañana es nuestra boda, por si lo olvidaste.De repente, un sonido se coló por la línea. Una risa suave, perezosa y descaradamente femenina. Y luego, un murmullo: "Liam... vuelve a la cama".El estómago de Aurora se contrajo, pero su voz salió como un látigo de hielo.—¿Quién está en tu cama, Liam?Hubo un silencio tenso de un segundo. Luego, el contraataque.—Nadie. Es la televisión —mintió él, con una fluidez aterradora—. Estás his
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