El silencio del penthouse era más ensordecedor que los flashes de los paparazzi de la noche anterior.
Tras el brutal reencuentro en la oficina, Aurora se había desplomado contra la puerta. Elias la obligó a beber un trago de brandy con manos temblorosas y, en las horas previas al amanecer, su coche privado los trasladó a ella y a un Ethan profundamente dormido a su nuevo "hogar".
Pero esto no era un hogar.
Era una caja estéril de cristal y paredes blancas en el piso cincuenta, alquilada por los