El rostro de Killian se transformó en una máscara de hielo. Ajena a la tormenta que se estaba formando, Nina continuaba con su parloteo entusiasmado:
—Mi bisabuela dijo que muy pronto voy a tener una nueva mamá. La tía Catarina es buena, pero... —Su voz se fue apagando. En el fondo, su deseo infantil era otro: quería que Isabela ocupara ese lugar para que Killian fuera, finalmente, parte de su familia. Después de todo, su papá era guapo y rico; ella no entendía por qué no parecía agradarles.
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