Era solo una reunión de padres de rutina, e Isabela jamás imaginó que alguien tan ocupado como Maison realmente aparecería. Tras el breve agradecimiento, se acomodó en la silla al lado de él, intentando recuperar el aliento.
Un leve aroma a madera de cedro invadió el ambiente. La cercanía era perturbadora; podía sentir la respiración regular y uniforme de Maison, lo que alborotaba sus sentidos, mientras la piel de su frente, donde las manos de él la habían tocado, parecía quemar todavía.
Pasó l