Levanté el colchón de mi cama con el manuscrito en la mano. Pensaba meterlo ahí hasta el otro día, no me apetecía leerlo, pero mientras sostenía el colchón en una mano y las hojas en la otra, me ganó la curiosidad. Me senté en el borde después de haber acomodado de nuevo el colchón, sosteniendo las hojas entre mis largos dedos.
Moví la primer página, no estaba tan desgastada como en realidad debería estar, se suponía que a aquel sótano no entraban hacia años, entonces deberían estar viejas, per