Seguimos corriendo, por suerte, la cuadra era corta y logramos dar vuelta a la siguiente esquina antes de que el policía nos viera. Cuando lo hicimos me recosté contra la pared de asfalto, sentía que mi corazón explotaría en cualquier momento manchando todo. Jefferson se separó de mí y corrió hasta un auto que estaba estacionado al otro lado de la calle, frente a un bar que tenía el sonido tan alto que estaba seguro de que no habían escuchado el disparo. Se agachó con dificultad, estaba agotado