34. Sin salida
Después de cerrar la puerta sigilosamente detrás de mí, volví la mirada hacia Jalid. A pesar de los golpes visibles en su rostro, su sola presencia llenaba la habitación, imponiéndose con una postura que lograba intimidarme. Se veía furioso, pero debajo de esa rabia, lo que realmente me caló hondo fue la profunda decepción que reflejaban sus ojos.
Todavía no podía asimilar que estuviese aquí. Conmigo. En la casa de mi abuelo, exponiéndose ante Alicia. Había intentado sacarnos del estudio sin ten