—¿Jacob Carrington? —preguntó una voz desconocida, fría, demasiado formal para la hora. Al otro lado de la línea se oía un murmullo distante, como radios encendidas y pasos apresurados.
—Sí… ¿quién habla? —respondió Jacob, frotándose el rostro, aún a medio despertar. Su voz estaba rasposa, confundida.
—Lamentamos informarle… —la voz hizo una pausa, como si buscara la forma menos cruel de continuar— que su primo, Mike Carrington, ha sido encontrado sin vida.
El aire se le atascó en la garganta.
—