El aroma la envolvió, no era solo hambre, era algo más, una llamada ancestral como un eco en su alma.
Se tambaleó un paso atrás, sus pupilas se dilataron, sus colmillos amenazaron con emerger, los ojos se tiñeron levemente de azul, el deseo de alimentarse era una ola que amenazaba con arrastrarla.
—¿Estás bien? —preguntó Jacob, asustado, mirándola con la mano ensangrentada.
—Sí… solo me mareé un poco, iré al baño —dijo, evitando mirarlo a los ojos.
Se giró de inmediato, sus pasos eran rápidos, c