Valeria llegó frente a las empresas Rivas, con el corazón latiéndole con fuerza. Había tomado el primer vuelo de regreso, apenas supo de su embarazo, estaba tan ilusionada de ver la cara de sorpresa de Nicolás, que no quiso ir a la mansión a esperar por él.
No podía explicarlo, pero un presentimiento oscuro la había perseguido durante todo el viaje, un miedo indescriptible que la hacía temblar. Y ahora, con una mano sobre su vientre, se repetía que tenía que ser fuerte. Nicolás tenía que saber