Meses después, la mansión de los Rivas se vestía de gala para celebrar el primer aniversario de bodas de Nicolás y Valeria. El jardín, iluminado por cientos de luces tenues, se había transformado en un escenario de ensueño, donde la música suave y el aroma a flores frescas creaban una atmósfera mágica.
Valeria, con su vientre abultado, irradiaba felicidad. Su vestido blanco, adornado con encaje y perlas, resaltaba su belleza maternal. Nicolás, completamente recuperado de su operación, la miraba