Dos meses después
El sol se filtraba por el ventanal de la oficina de Nicolás. Mientras él movía lentamente la cuchara dentro de su taza de café, como si sus pensamientos estuvieran girando en espiral con el líquido oscuro. Frente a él, su amigo, lo miraba con una sonrisa cómplice, sabiendo que algo importante estaba por decirse.
—Nunca te lo he dicho en serio —comenzó Nicolás, levantando la vista—, pero gracias a ti estoy aquí. Gracias a que insististe en que me operara, puedo estar vivo, dis