Las horas transcurrieron con la lentitud de una tortura. Para Valeria fue la noche más largar de todas, cada segundo, minuto y hora, pasaban tan lentas, que parecían años.
El amanecer fue algo más duro para ellos, ya que solo pudieron ver a Nicolás de lejos, los médicos no lo querían ver inquieto, ni pensando en arrepentirse de la cirugía al ver a sus familiares preocupados y con miedo de no volver a verlos.
El pasillo de la clínica se había convertido en un purgatorio para Valeria y toda la fa