La oscuridad se disipó lentamente, dejando paso a una luz blanca y fría que inundaba la habitación. Valeria parpadeó, intentando enfocar la vista, y sintió un dolor punzante en la cabeza. Un zumbido lejano resonaba en sus oídos, mezclándose con el sonido monótono de un monitor cardíaco. Intentó moverse, pero su cuerpo se sentía pesado, entumecido.
—¿Dónde estoy? —murmuró Valeria, su voz ronca y débil, como un susurro apenas audible. Sus ojos, aún nublados por la confusión, se movieron lentament