Un sábado más sin Matilde, Isabella llevaba la cuenta de los días y hasta de los minutos de su ausencia. La esperanza crecía a la espera de que regresara en cualquier momento y el dolor que la consumía se acabara por fin, y despertara de la pesadilla en que se había convertido su vida.
Mary no estaba, Jacob seguía dormido y ella deambulaba por la casa como un fantasma.
Si tan solo no hubiera recibido esa llamada de Tobar...
Sentada en la salita de estar luego del comedor, donde acostumbraba to