Dormirse con dolor de cabeza y despertarse igual era como no haber descansado, así bajó Isabella las escaleras y casi se cayó al llegar a la sala. Un huracán había pasado y arrasado con todo, ni los sillones estaban en su lugar.
Oyó ruido en la cocina y fue hacia allá.
—¡¿Qué haces tú aquí, Jacob?!
—Limpio.
Él dejó la pala y la escoba que cargaba y volteó a verla. Tenía el labio partido y un ojo morado.
Isabella retrocedió.
—¿Dónde está Vladimir? ¡¿Qué pasó?!
—Lo que iba a pasar tarde o temprano