Sábado por la mañana, Isabella despertó en la cama de Jacob, envuelta en su aroma y con la sensación de sus besos y caricias todavía cubriéndole la piel.
Vaya hombre. No quería caer en comparaciones, pero era inevitable. Todo lo que sabía respecto a la intimidad lo había aprendido con Oliver, su único y precario marco de referencia (PRECARIO con mayúsculas).
Se había cansado, tenía varios músculos medio entumecidos y eso ya era decir mucho, y no se había aburrido para nada.
Y agradeció que Jaco