Mientras más alto se lograba llegar, más dolía la caída y ahora, luego de los últimos acontecimientos, Isabella no estaba en el suelo, sino en una fosa submarina, ahogándose en un dolor inimaginable.
—Tantos años trabajando para él y me despide así nada más. Me dolió mucho, Isabellita.
—Ay, Mary. Ni te imaginas.
—Pero ya estoy aquí, no llores.
Isabella siguió llorando mientras comía, mientras se paseaba como un espectro por los pasillos de su casa. La hermosa mansión de sus sueños tenía la nost