—Puedes quedarte aquí durante el día si quieres —le dijo Jacob a Isabella por la mañana—. Tendrás que ordenar el almuerzo porque no he ido de compras y la despensa está casi vacía.
—No me quedaré.
Pasado el shock de descubrir que su esposo le era infiel, Isabella pudo meditar mejor sobre todo lo que estaba ocurriendo.
—¿Nos vemos en la noche entonces?
Ella tomó distancia, evidentemente incómoda.
—Escucha, Jacob. Que mi esposo sea infiel no significa que yo deba pagarle con la misma moneda.
—Pe