Eran pasadas las tres de la tarde e Isabella seguía en pijama. No venía recién levantándose, después de su encuentro nocturno con Jacob ella no se había vuelto a acostar.
Y para colmo, recibía la visita de su hermana en medio de su crisis de histeria.
—Este té te ayudará —le dijo Emilia, mirándola con preocupación.
Las manos temblorosas de Isabella recibieron la taza. Miró el líquido, sin atreverse a probar un sorbo. Cogió un pañuelo y se secó las lágrimas. Luego de unos segundos ya le habían e