—¿Quién eres? ¿Por qué contestas el teléfono de mi esposo?
El silencio al otro lado de la línea sólo contribuyó a que los pensamientos de Isabella se enmarañaran y las dudas surgieran.
—Soy su asistente, él está ocupado y dejó su teléfono en la oficina.
La asistente de Oliver era una mujer que bordeaba los cincuenta años, una señora educada y respetuosa que evidentemente no se oía como una jovencita. Sintió que la nuca le hormigueaba.
—¿Su asistente? ¿Dónde está Clara?
—Ella ya no trabaja aquí.