Jacob estaba en la cocina cuando Isabella regresó. Tenía ella sus propias llaves y las dejó colgadas en el perchero tras la puerta.
—Hola.
Él le dio apenas una mirada cargada de molestia y siguió revolviendo el contenido de la olla. Isabella se le acercó por detrás, le rodeó la cintura y le dio un beso en el cuello.
Estaba tenso, la furia le apretaba los músculos, pero ya iba ella a ablandárselos donde fuera necesario.
—¿Cómo está tu "esposo"?
La pregunta le llegó a Isabella como una bofetada. S