La terrible sensación de irrealidad, luego de lo que había descubierto bajo la cama de Jacob, tenía a Isabella temblando. El bolso de su hija allí sólo podía significar una cosa, tan espantosa como despiadada, y de una crueldad aterradora.
—¡CONTESTA, JACOB! ¡¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ EL BOLSO DE MI HIJA?!
—No sé de dónde salió ese bolso, pero no es de tu hija. ¿Cómo puedes creer algo así?
La irrealidad también golpeaba a Jacob, la expresión iracunda de Isabella le dolía.
—¡Es su bolso Pr4da! ¡Es el