Levantar el hervidor fue una tarea monumental para alguien con una clavícula rota y varios dedos esguinsados, pero Jacob logró llegar con la bandeja a la habitación. Eran pasadas las tres de la tarde, Isabella había llegado directo a la ducha y luego se había metido a la cama, donde seguía encogida y en silencio.
—¿Podemos hablar?
Ella negó, pero se sentó y recibió lo que él le había llevado. Creyó que era café, pero resultó ser chocolate caliente.
—Esto es para niños, necesito algo fuerte.
—N