Los días pasaron y Matilde estuvo lista para volver a casa, lejos del ajetreo del hospital, que le causaba crisis de pánico, sobre todo cuando los detectives asomaban sus entrometidas narices. Su hija no sabía nada, debían dejarla en paz.
—El pasatiempo que más amabas era tocar piano. Lo tocábamos juntas —sentada en la banqueta, Isabella empezó a tocar su parte de la Fantasía a cuatro manos de Schubert.
Había leído que la música era excelente para reavivar la memoria y desenterrar recuerdos sepu