En esos sentidos, Agnes quedaba por debajo si la comparaban con ella, aunque para hacerse sentir mejor con ella misma, se recordó que en algo había un detalle por el cual no se debía sentir insegura al menos.
Ambas estaban igual de talla en cuanto al pecho, ambas tenían limones si los comparaba a los suyos.
«En eso estamos igual» pensó, aunque eso la hizo recordar el día en que había firmado el contrato y no solo en eso, sino también en las mujeres guapas que habían pasado y en sus figuras de