—Yo creo que no —replicó.
—Habíamos quedado en que serías más cooperativa, no te vendría mal actuar más como una verdadera esposa —respondió con un murmurar ronco a la vez que la llevaba con él y quedaban tendidos sobre la cama, dejándola a ella por debajo de él—, no olvides que soy tu marido.
Herman le había acercado una mano a su mejilla para rozar con el pulgar y apreciar la suavidad de su rostro, pero ella lo miró con rechazo y tensó la mandíbula antes de responder con una firme adverten