—Joder, Agnes ¿cómo vas a dejar que eso te cause pánico? —se recriminó—, ¿acaso eres una niña? —Tras haberse regañado a sí misma, meneaba la cabeza mientras respiraba para tomar control de su incomodidad.
«Solo no le pongas atención. Ignóralo» se recordó para estar más calmada.
—Solo eso nada más es lo que tienes que hacer. —Se puso una mano en el pecho e inhaló, para cuando volvió a soltarlo estaba más tranquila—. Bien, todo en orden. Ahora a ver cómo me deshago de este dilema. No pasará nad